El Joker de Joaquin Phoenix: Una sociedad sin empatía está condenada a la anarquía

Joker bailando en las escaleras

Hace unos días se estrenaba la nueva película del universo del universo DC Cómics, esta vez titulada simplemente Joker. A diferencia de las grandes películas de superhéroes y villanos a las que las franquicia nos había acostumbrado, Joker (2019), es una película íntima, humanista. No nos habla del archienemigo de Batman, sino de Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), el hombre tras la sonrisa de payaso.

Quienes acudan a las salas de cine esperando encontrar un film de acción se llevarán una gran sorpresa. Algunas escenas de acción y violencia salpican la pantalla, sin embargo, la narración se centra en el descenso de un hombre enfermo hacia la locura. Una persona sin recursos, con trastornos mentales, y abandonada a su suerte por una sociedad a la que no le tiembla el pulso a la hora de hacer recortes en materia de sanidad y ayudas sociales, mientras infla los bolsillos de aquellos que ostentan el poder. Una sociedad gobernada por unos pocos privilegiados y erguida sobre los sueños rotos de una mayoría oprimida, de personas que luchan por salir adelante día a día mientras anhelan escapar de la triste realidad que habitan.

Antes de proseguir es importante señalar que esta película está clasificada como R, por lo que es no apta para menores de 17 años.

No obstante, recomendamos su visionado a todas aquellas personas que cumplan con la edad mínima exigida, por considerar que se trata de una obra idónea para trabajar temas como las emociones y la empatía.

La hermosa sensibilidad de Arthur Fleck

Arthur, el protagonista de esta historia, es un hombre adulto que vive con su enferma madre en un pequeño y desgarbado apartamento a las afueras de Gotham. Su día a día transcurre trabajando como payaso eventual mientras cuida de ella y lucha para conseguir hacer relidad su gran sueño: convertirse en cómico profesional.

Fleck acarrea dolorosas cargas a sus espaldas, no solo tiene que lidiar con la demencia de su madre, sino que él mismo sufre un severo trastorno mental que le impide expresar su malestar interior, transformando sus sentimientos negativos en sonoros estallidos de risa incontrolable. Esta condición la acarrea desde la infancia, aunque él ignora el oscuro y perturbador origen de su enfermedad.

Arthur Fleck y su transformación en el JokerPese a todo el dolor que envuelve su existencia, Arthur, intenta inundar el mundo de sonrisas y siempre pone la otra mejilla cuando la vida le golpea. Lo que más ansía en el mundo es la aprobación de los demás, encontrar el amor y la presencia de una figura paterna, cosas que cree poder obtener si logra alcanzar el éxito y la fama.

A su alrededor se extiende un mundo tóxico y machista, lleno de violencia física y psicológica. Sin embargo, su especial sensibilidad parece no sucumbir a la crudeza del mundo exterior. Mientras unos chicos de la calle le pegan una paliza sin mayor motivo que divertirse y sus compañeros del mundo de la comedia construyen sus monólogos en torno a chistes misóginos y degradantes para la figura de la mujer; él procura que a su madre no le falte nunca algo de comer y trata de hacer reír a un niño en un trayecto de autobús cualquiera.

El dolor que se esconde tras la risa 

Somos testigos de una sociedad que no muestra ni un ápice de empatía hacia una persona que no ha sido feliz ni un sólo día de su vida. Arthur es marginado, humillado y maltratado a lo largo de todo el metraje. Los pequeños momentos de felicidad que vemos no son más que breves ilusiones de una mente torturada que se desvanecen como humo entre los dedos.

Mientras crece la tensión interna del protagonista, también crece la tensión en las calles de Gotham. Cada vez hay menos ayudas para los más necesitados, la destrucción de los puestos de trabajo y los recortes en servicios sociales enfurecen cada vez más a una población que ve con impotencia como los más ricos se lucran de su miseria. Pequeñas descargas de violencia callejera auguran el estallido de una sublevación imparable.

Los opresores exigen conformidad a los oprimidos, del mismo modo que la sociedad exige a Arthur que se comporte con normalidad pese a su enfermedad.

“Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”

Pero negar la realidad, reprimir el dolor, no hace que éste desaparezca, sino que alimenta una tensión interna que tarde o temprano conducirá a un estallido de violencia.

‘Joker’ no es una apología a la violencia

Esta obra ha despertado una gran polémica en Estados Unidos. El temor principal de los detractores del film es que este pueda inspirar a algunas personas, especialmente a aquellas más jóvenes, a cometer los actos de violencia que en él se muestran.

Aunque respetamos las opiniones de estas personas, lo cierto es que ésta no es una película que glorifique la violencia de ningún modo. Este film invita a la reflexión personal y comienza un diálogo sobre la corrección política, el malestar social, las enfermedades mentales, la empatía y las nuevas masculinidades, entre otras cosas.

Como señalaba la compañía Warner Bros, en un comunicado emitido en respuesta a las críticas recibidas:

“Una de las funciones de la narración de historias es generar conversaciones difíciles sobre temas complejos. No se equivoquen: ni el personaje de ficción Joker ni la película respaldan la violencia de ningún tipo en el mundo real”.

Esta película no pretende ser, ni debe ser tomada, como una hoja de ruta sobre cómo actuar cuando nos sintamos frustrados, victimizados o ninguneados.

El Joker no es ningún héroe y no queremos dar píe a malentendidos que puedan pintarlo con esa luz. El personaje de Arthur Fleck era un hombre sensible y enfermo. El Joker, sin embargo, es lo opuesto a Arthur. El Joker es un ser desquiciado, una víctima convertida en verdugo cuyos actos violentos, independientemente de su historia personal, no están de ningún modo justificados.

Valoración final

Es un film impactante que no dejará a nadie indiferente. La conjunción de la dirección de Todd Phillips y la brillante interpretación de Joaquin Phoenix, nos mete por completo en la piel de Fleck. Sentimos su dolor, su rabia y su desesperación, y la impotencia de no poder intervenir para cambiar el rumbo de la historia. Abandonamos la sala de cine con una sensación de incomodidad en el estómago. Esa incomodidad es la empatía llamándonos a reflexionar y a hacernos preguntas, a abrir un dialogo sobre el torbellino de emociones que acabamos de experimentar.

No recomendada para menores de 17 años.

Contiene escenas de violencia.

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Horarios y entradas: Cinesa

Horarios y entradas: Neocine

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